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Liderar desde la Emoción

Publicado el 06/08/2017 POR José Sánchez Labella

Recientemente, en una formación en habilidades directivas, se me acercó un Gerente y me dijo:

“Cuanta más responsabilidad tengo, más cuenta me doy que mi principal tarea es la gestión de personas”.

Durante nuestra formación académica se nos forma e instruye en habilidades aptitudinales. Se incide en la inteligencia “cognitiva o racional”. Nos empeñamos en incorporar recursos y competencias técnicas; másters, postgrados, idiomas, etc. Pero poco o nada se nos enseña de habilidades transversales o metacompentecias.

Ahí precisamente es donde está la clave del éxito personal y profesional; en las habilidades actitudinales. Al fin y al cabo, nuestro éxito vendrá determinado por nuestra inteligencia emocional y la capacidad que tengamos de integrarla en nuestra vida.

Incluso en la mayoría de las escuelas tan solo se pone énfasis en la foto final; las notas. Del 0 al 10. Esa es nuestra valía y capacidad. El selectivo no lo mejora y en la Universidad se acusa, aún más si cabe, esa magnificación de las materias “serias” que, sin duda, nos clasifican y catalogan ya desde una temprana edad.

Asignaturas como pintura, arte, música y filosofía, impregnadas de creatividad y desarrollo del libre pensamiento, quedan relegadas a un segundo plano e incluso se les tacha de “marías” o poco útiles.

Como muestra basta ver la charla TED 2006 de Sir Ken Robinson: ”Las escuelas matan la creatividad”

De aquellos barros vienen estos lodos …. Recogemos lo que sembramos y, queramos o no, tenemos una responsabilidad en la herencia que queremos dejar a las generaciones venideras.

Se nos ha inculcado que hay que poner límites, algunos con más sentido que otros, y que hay que amoldarse al estilo de pensamiento imperante. ¿Cuántas veces hacemos las cosas sin pararnos a pensar si se podría hacer de otra forma? ¿Realmente solo se puede / debe hacer así?

Nuestras creencias se instalan en nosotros y son auténticas losas que, si no se chequean cada cierto tiempo, pueden limitar nuestro crecimiento y potencial y, lamentablemente, el de otras personas.

Si todos hacemos / pensamos lo mismo obtendremos los mismos resultados y, como consecuencia, no habría avances.

“Las fortalezas están en nuestras diferencias, no en nuestras similitudes”. Stephen Covey

Generalmente, la diferencia entre un loco y un genio radica en el éxito. Y éste depende de muchos factores, como la suerte y el momento en que se produzca.

Volviendo al tema empresarial, cuando una persona empieza a tener responsabilidad en una organización se ve, quiera o no quiera, obligado a comunicarse e interrelacionarse con otras personas. A convivir con ellas, con sus emociones y circunstancias.

Habilidades Interpersonales como la comunicación efectiva, empatía, asertividad, escucha activa y su capacidad de trabajar en equipo van a determinar su estilo de liderazgo y, por ende, éxito.

Al fin y al cabo, como decía Peter Drucker, “El liderazgo es la habilidad de absorber incertidumbre para que otros puedan seguir caminando”.

Todos comunicamos; por acción u omisión. La no comunicación simplemente no existe. Desde un puesto directivo existe la obligación de buscar el equilibrio, como si de un director de orquesta se tratase, para que todos puedan dar su mejor versión y se generen sinergias a nivel colectivo.

Un líder natural no es aquel que se parapeta en su base de conocimientos. Si no aquél que comparte y es capaz de rodearse de gente más competente que él y sabe balancear el equipo dependiendo de la situación requerida. Habilitando posibilidades y variaciones del equipo de forma que todo el mundo se sienta a gusto con su posición y cometido.

¿Cuántas veces nos quedamos con la “foto” o “etiquetamos” a un compañero? Juan solo sirve para “X” o María es de números …. ¿Qué motivación van a tener Juan o María de cambio si ya se les ha cortado cualquier rol o aportación distinta a la ya asignada?

Un líder debe “afilar” su inteligencia emocional. Como en el 7º hábito de Stephen Covey. Liderar desde el ejemplo, reconociendo y poniendo en valor aquellas características que hagan que su equipo brille y se pueda adaptar al entorno.

Las personas somos seres emocionales. No somos autómatas ni tampoco nos movemos por temas puramente materiales cubiertos unos mínimos básicos de seguridad. Buscamos reconocimiento, empatía, comprensión, que nos escuchen, que sepan modular e interpretar nuestro estado de ánimo y, sobre todo, queremos pertenecer desde tiempos ancestrales a algo superior, llámese equipo, país, comunidad o grupo de amigos.

Queremos pertenecer e integrarnos a colectividades. Ser parte de algo “superior”, en el que se nos tenga en cuenta y podamos contribuir a su crecimiento. “Engagement” o sentimiento de pertenencia. Dato que no ha pasado inadvertido por las empresas y que cada vez potencian más su “Employer Branding” para captar y retener el Talento.

Como hemos visto, el “salario emocional” es una parte fundamental al gestionar personas. Clave de la motivación y del fin mismo del trabajo, y que a la postre son bases para la felicidad de cualquier persona.

La felicidad es una decisión al fin y al cabo y la interacción con personas un vehículo perfecto para su integración.

El clima existente es responsabilidad tanto de líder, por incentivarla y promoverla, como de los integrantes del equipo. Las emociones se contagian, por tanto, tenemos el poder de gestionarlas de forma positiva para beneficio propio y colectivo. Somos los dueños y responsables de nuestro propio clima.

Desde la psicología positiva se potencia la creación de organizaciones saludables. Con una definición correcta de objetivos y roles, planes de carrera, evaluaciones de seguimiento y actividades que promuevan la interacción de las personas desde un punto de vista ecológico (para ellos y para su entorno).

La comunicación, formal e informal, es la vía por la cual se puede incidir en toda organización de una manera efectiva. ¿Prestamos atención a cómo nos comunicamos entre nosotros? ¿Somos conscientes de las necesidades e inquietudes de nuestros compañeros?

El lenguaje no es inocente y, por acción u omisión, podemos generar contextos distintos. El campo de mejora en las empresas en este ámbito es muy grande.

Desde directivos fríos y distantes al polo opuesto, paternalistas y condescendientes. No podemos tratar a todos por igual porque, en cierta medida, todos somos distintos. El liderazgo actual es “situacional”.

Cuanto más sepamos y conozcamos a nuestro equipo más fácil será motivarlos y hacerles sentir parte del mismo. Desde evaluaciones de seguimiento o desempeño, círculos mixtos de calidad, reuniones informales para fomentar vínculos entre el equipo, teambuilding, etc.

Las empresas no quieren solo personas buenas (aptitud) sino “buenas personas” (actitud). Esa es la palanca del éxito y el camino hacia la excelencia.

Queda claro que, al igual que un Coach y parafraseando a Leonardo Wolk, un líder debe dominar el arte de “soplar las brasas” para que la esencia prenda en el equipo.

La buena noticia es que la parte aCtitudinal se puede entrenar. Como docente y consultor me encuentro que la mayoría de pymes centra sus acciones formativas en aspectos técnicos (aptitudinales) y deja de lado la parte humana o actitudinal. Tan solo miran a ella cuando el clima o la rotación no son saludables. Algo parecido como con el Marketing en tiempos de crisis.

No se ve como necesaria la formación en el desarrollo de personas. Incluso se desconoce la posibilidad de canalizar ayudas a estas materias transversales.

Por suerte, la tendencia está variando y los cambios a poco que se implementen, son sustanciales. Sin embargo, el cambio tiene que estar en uno mismo, y en este caso desde el equipo directivo, de lo contrario, los cambios no se instalarán en la organización y quedará como una acción puntual que se acabará diluyendo en el tiempo.

“Llegar juntos es el principio. Mantenerse juntos, es el progreso. Trabajar juntos es el éxito”.Henry Ford.

Y para ello es necesario gestionar y relacionarse con personas. ¿Conoces realmente a tu equipo? ¿Se alegran de verte cuando estás con ellos? ¿Inviertes en ellos en la parte aCtitudinal? ¿Cómo les motivas? ¿Sabes cuáles son sus necesidades e inquietudes?

Si las respuestas anteriores son negativas o no lo tienes claro el campo de mejora es sustancial. Tan solo es necesario tomar decisiones y apostar por el principal activo de las empresas: Las personas.

Como decía anteriormente, recogemos lo que sembramos:

¿Qué siembras en tu equipo?

 

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