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Generación “Líquida”

Publicado el 15/10/2015 POR José Sánchez Labella

«No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la más receptiva al cambio».- Charles Darwin.

La era industrial y postindustrial se caracterizó por ser una sociedad estable o «solida». Existía un equilibrio basado en tradiciones que permitía establecer criterios y objetivos a medio y largo plazo. El trabajo, la pareja y la durabilidad de las cosas eran para siempre.

Sin embargo, en la época actual o «líquida» esos axiomas están rotos. Todo fluye, como el agua de un río. Y ésta encuentra los caminos independientemente de las barreras que se puedan crear o formar.

El término de «vida y modernidad líquida» lo acuñó Zygmunt Bauman en sus numerosos ensayos y libros. Según el sociólogo y filósofo polaco en el contexto moderno «líquido», para poder ser de utilidad, la educación y el aprendizaje deben ser continuos e, incluso, extenderse toda la vida.

Las personas que estamos en esta sociedad ya no esperamos encontrar un camino que nos lleve a algún sitio concreto. Al contrario, improvisamos y fluimos reinventándonos cada vez un mayor número de veces.

Se produce un trasvase de poderes de lo colectivo o grupal a lo individual. Fomentando el desarraigo y desapego en nuestras relaciones de forma que podamos satisfacer lo inmediato en detrimento, la mayoría de las veces, de nuestra propia identidad.

Todos recordamos la famosa frase de Bruce Lee «Be Water my friend». Aprovechando el símil las personas somos el recipiente que alberga el líquido y, por tanto, adoptamos tantas formas como sean necesarias para sobrevivir y adaptarnos al devenir y los acontecimientos de la vida «líquida».

Lo que hoy es todo mañana es nada. Nuestra capacidad de aceptar la pérdida es sorprendente. Un trabajo, una pareja, una vida nueva en otra ciudad… Lo reemplazamos sin pestañear y ya estamos de lleno inmersos en otra nueva aventura o reto. Las palabras para siempre han perdido toda fuerza y significado. Vivimos un aquí y ahora en estado puro.

Toda esa volatilidad e incertidumbre se ve plasmada en nuestro comportamiento. Nuestro compromiso tiene condicionantes y antes de aceptar cualquier cambio valoramos en exceso a qué estamos renunciando o las probabilidades de que éste no se cumpla y nos perjudique. Sin darnos cuenta le hemos puesto caducidad y garantías a nuestras acciones.

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«La vida líquida es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante» Zygmunt Bauman

Como consecuencia hay una mercantilización de las relaciones humanas. Como si de una empresa se tratase acotamos términos y limitamos los daños de forma consciente. No queremos ser lastimados y cedemos vínculos por temor a que se desvanezcan a la más mínima.

Un claro ejemplo es la irrupción de las Redes Sociales donde se despersonaliza la convivencia y el trato. Buscamos nuestras tribus y nos relacionamos con ellas, poniendo capas inconscientemente que preserven nuestra vida. El amigo pierde valor y se enfatiza el conocido.

La época industrial o «sólida» ha dado paso a la sociedad líquida que se rige por la globalización y el consumismo. Cada vez tenemos más deseos que deben de ser sustituidos por otros a la velocidad del rayo.

En Economía se dice que las necesidades son pocas y básicas y los deseos ilimitados. Pues bien, la sociedad «líquida» vive en el constante deseo y éste es continuamente reemplazado por otro, y así sucesivamente. Y las personas en este mundo somos parte de los productos que se producen, usan y reemplazan, cuando no sirven o no son necesarios.

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«La modernidad líquida es una civilización de excesos, redundancia, desperdicio y eliminación de desechos». Zygmunt Bauman

Readaptarse, reciclarse y/o cambiar de trabajo u oficio es práctica habitual en la sociedad líquida. Tanto las empresas como los trabajadores buscan esa liquidez, esa versatilidad al cambio en entorno. Movilidad geográfica, cambios de puesto y funciones, gente dispuesta a cambios radicales.

Quien se queda anclado en la sociedad «sólida» y no fluye con el resto de acontecimientos es totalmente olvidado y engullido por la corriente. Todo ello nos invita a un cambio de paradigma. Reinventarse y fluir adoptando una actitud proactiva y ecológica que nos permita adaptarnos a una sociedad liquida que va cada vez más rápida.

Si además ponemos el foco en mantener cierta coherencia y no despersonalizarnos en exceso en nuestras relaciones podremos nadar y guardar la ropa en esta sociedad líquida.

Desde el Coaching se trabaja desde la responsabilidad y la toma de conciencia para generar el cambio y desarrollar el máximo potencial. Así las cosas, no podemos olvidar que somos los pilotos de nuestra vida por lo que todo lo que hagamos dependerá de nosotros.

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¿Estás dispuesto a poner caducidad a tu vida?

¿Quieres fluir como un barco a la deriva?

¿Qué tienes miedo a perder si tomas decisiones?

Recuerda; «no existen fracasos, tan sólo resultados distintos a los esperados». El mundo ha cambiado y con él la forma de comportarnos. En tu mano está dejarte llevar o nadar.

Cuestión de Actitud: «Be water my friend» ; )

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