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¿Eres autor o intérprete de tu vida?

Publicado el 22/05/2017 POR José Sánchez Labella

Stephen Covey, en su libro “7 hábitos de la gente altamente efectiva”, aborda el “círculo de influencia” vs “círculo de preocupación” dentro de los hábitos dedicados a la “victoria privada”; el paso de la dependencia a la independencia para, posteriormente abordar con éxito la “victoria pública”; el “nosotros” al interrelacionarnos con otras personas. La interdependencia.Desde tiempos ancestrales el ser humano ha anhelado sentirse parte de algo. Somos seres emocionales y sociales y, por tanto, comunicacionales. Gran parte de la felicidad, radica en nuestras relaciones con otras personas y el sentimiento tribal de aceptación.

Una de las ideas básicas que subyace de este concepto es la “dependencia” y falta de proactividad de aquellas personas que centran su foco en aquello que no tienen posibilidad de cambiar o actuar directamente sobre ello. Es lo que denomina “círculo de preocupación”.

Ahí englobaríamos todo aquello que nos preocupa en la vida. Sin embargo no es factible actuar sobre todo lo que nos rodea. Algunas cosas están fuera de nuestro campo de actuación e influencia directa. En nuestras manos no está la posibilidad de cambio.

Nunca estaremos en la cabeza de otro, o podremos cambiar situaciones concretas porque, simplemente, competen a otros.

Por otro lado tenemos el “círculo de influencia” que, como contraposición, es aquello sobre lo que sí podemos actuar y cambiar. Depende de nosotros.

Como es obvio, las personas que centran su energía en aquello que pueden cambiar son más proactivas e independientes. Son los arquitectos de su propia vida y decisiones y, por tanto, más ecológicos consigo mismo y con su entorno.

Es bastante frecuente encontrarte en procesos de Coaching con clientes que viven con ansiedad la imposibilidad de actuar o cambiar aquello que les rodea, pero no depende de ellos.

Es como intentar coger toda la arena de una playa con las dos manos …. Frustrante y desmotivador.

Otro de los males endémicos de la sociedad occidental radica en poner el foco en los demás antes que en ti.

Mismo análisis y resultado que en los círculos de Covey; difícilmente podrás avanzar en el “nosotros” si antes no has trabajado el “yo”.

¿Qué puedes aportar si ni siquiera te conoces a ti mismo? Lo más normal es que te acabes diluyendo como un azucarillo en un café y tu presencia sea cada vez más insignificante.

Buda llegó a la siguiente reflexión tras años de meditación “El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional”.

La moraleja es obvia. A todos nos afecta el dolor físico, no obstante, el “sufrimiento” es totalmente subjetivo y depende del tipo de observador que seamos. La mala noticia, es que acaba haciendo mella en lo psíquico y físico si no es detectado y corregido a tiempo.

Por su parte la inteligencia emocional es la suma de las competencias intra e inter personales. Las primeras abordan el “Autoconocimiento”, la “Autoconfianza” y el “Autocontrol”, mientras que las segundas cómo nos interrelacionamos con los demás mediante habilidades transversales (empatía, asertividad, escucha activa, etc..).

Volviendo a los círculos de S. Covey; las personas que se centran en lo “no factible” cada vez se hacen más y más pequeñas. Viven en un “sufrimiento”, que no dolor, continuo y con la sensación de que nunca pueden cerrar ciertos capítulos de su vida. Agobios, estrés y desmotivación ante la tarea al no ver resultados satisfactorios que le retroalimenten en el proceso.

Al aumentar el círculo de preocupación, el de influencia se hace más pequeño, y la situación, lejos de mejorar, empeora. Se pierde autoconfianza, merma la asertividad y capacidad crítica como interlocutor generando una mayor dependencia.

Por el contrario, aquellos capaces de poner el foco en aquello sobre lo que sí pueden influir harán que si círculo de influencia ocupe cada vez más área. Esta sensación de control les permite “crecer”. Ser los protagonistas de su vida y tomar decisiones que generen cambios.

Como es obvio éstas personas serán más proactivas e independientes y podrán, sin ninguna duda, abarcar más zonas vitales y de desarrollo. Su zona de confort se amplía. Además, esta proactividad y eficiencia en dónde ponen el foco les hace adaptarse mejor a los cambios y, siempre que así lo deseen, podrán ampliar de nuevo su círculo de actuación.

El paso de la dependencia a la independencia radica en la capacidad de poner nuestra atención en lo que podemos modificar. Para posteriormente avanzar en la interdependencia con otras personas.

En tu mano está ser proactivo o reactivo. Se trata de tomar conciencia y responsabilizarse. De una adecuada gestión ecológica de tus emociones para poder aportar desde el “yo” al “nosotros”. Y esto pasa por conocerse y tener capacidad crítica para afrontar aquellos problemas o situaciones que de verdad dependen de ti.

En definitiva, podemos ser nuestro mejor aliado o enemigo. Ser el “autor” y protagonista de nuestra propia vida o bien “interpretar” el papel que otros han elegido por nosotros.

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