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Cambio: ¿Viaje de Ida y vuelta…?

Publicado el 23/11/2016 POR José Sánchez Labella

Cuando queremos introducir un cambio o mejora en nuestra vida, como ocurre en cualquier proceso de Coaching, nos encontramos ante la posibilidad de que éste se mantenga en el tiempo o simplemente sea algo pasajero y nos permita salir de una situación puntual.

Existen dos errores típicos que se suelen producir y llevan irremediablemente al fracaso: Que el objetivo no sea propio y que el cambio no sea estable en el tiempo.

Un proceso de Coaching se basa en la toma de conciencia y responsabilidad por parte del cliente y que lo asuma como propio el cambio. En ocasiones, se puede generar una “dependencia” “Coach – Coachee” que invite a que éste acabe “comprando” las alternativas u opciones que se generen en el proceso. Pasando el Coachee de “protagonista” a “invitado”, y el Coach de “Guiar” a “Mentorizar”.

Caso distinto es un proceso de Mentoring, dónde sí hay un transvase de conocimientos o consejos entre el “Mentor” y el “Mentorizado”. De hecho, es una de las claves y razones por las que se contrata sus servicios; su “expertise”. Donde, por norma general, se requieren cambios rápidos que permitan al cliente desarrollar de manera más eficiente su desempeño o que le sirvan como desarrollo e impulso en su carrera profesional.

Ahora bien, ¿qué ocurre si en un proceso de Coaching el Coachee acaba tomando esa actitud? La respuesta es que el cambio no será “transformativo”, es decir, no se instalará en su conducta o hábitos y tenderá, con el tiempo, a su inercia habitual.

Es como si pusiéramos un plato de pescado con guarnición en la mesa o bien le guiásemos para que él, por sí mismo y desde su responsabilidad de cambio, aprendiera a “pescar”. Obviamente la segunda opción; Coaching, proporciona esa transformación que le permitirá ser otro observador, pudiendo adquirir nuevos recursos o habilitando aquellos que, por creencias limitantes, le estén imposibilitando el cambio.

En Coaching hablamos de la “Estructura de Coherencia” para referirnos a la conjunción entre los siguientes elementos:

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¿qué ocurre cuando introducimos cambios en nuestro lenguaje, pero éstos no se mantienen el tiempo?

¿qué ocurre cuando cambiamos el lenguaje y éste no va a acompañado de la corporalidad o de la emoción?

Podríamos realizar tantas combinaciones como elementos forman la Estructura de Coherencia y llegaríamos a la siguiente conclusión:

Si el cambio no es estable y duradero no existe coherencia, y además no se trasmite un mensaje genuino al no existir congruencia entre los tres elementos citados.

Aquí nos encontramos con el segundo error que se suele cometer en un proceso de cambio. La incoherencia en el cambio al no ser posible mantenerlo en el tiempo.

Imaginemos que una persona nos está diciendo que siente mucho un hecho que le acabamos de relatar y que tiene gran emocionalidad para nosotros, sin embargo, con su emoción y corporalidad no nos consigue trasmitir lo mismo. Lógicamente, esta persona no es coherente y no nos trasmite genuinidad. Existe una desalineación entre lo que dice y siente. Y el cuerpo no habla, sino que “grita”, produciendo una comunicación poco creíble respecto de lo que verbaliza.

A nivel personal, y sin estar en un proceso de Coaching, cualquier cambio que queramos que se instale en nosotros ha de cumplir esos patrones. Coherencia y que nos permita cambiar la perspectiva o el foco del observador que somos en el tiempo.

Una de las máximas del Coaching es “si siempre haces lo mismo, siempre obtendrás los mismos resultados”.

Salir de la zona de confort implica romper viejos hábitos, explorar nuevos horizontes y límites. Sólo así se puede crecer y generar cambios. Sin embargo, siempre será tentador volver a situación conocida, de ahí que al final, si no se produce un cambio transformativo, se vuelva a retomar la senda habitual de comportamiento.

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Lógicamente habrá cambios de distinta índole que requerirán un mayor esfuerzo para que se instalen. Pero el funcionamiento es el mismo. Coherencia en la estructura.

Para facilitar el cambio, la selección de los objetivos ha de cumplir el acrónimo “SMART”: S (Específicos), M (Medibles), A (Alcanzables), R (Realistas) y T (Acotables en el tiempo) así como Propios y formulados en positivo.

Y por último la palanca necesaria en todo proceso de cambio: La aCtitud. Sin duda el motor que va a permitirnos generar los recursos necesarios para poder afrontar el reto y que éste se mantenga en el tiempo.

De ti depende que éste sea transformativo …. Tienes todos los elementos para conseguirlo.

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